HOY POR TÍ, MAÑANA POR MÍ
Por Martín Rosig
El mundo entero se conmovió con las imágenes de miles de colonos judíos desconsolados por la forzada evacuación de sus hogares. Desterrados, no son más que víctimas de sus anteriores gobiernos, que en 1967, luego de la guerra de los seis días, se apropiaron de tierras ajenas. Es decir que aquí no se está regalando nada, se está devolviendo territorio soberano luego de 38 años de ocupación ilegal, según las resoluciones 242 y 338 de la ONU.
Esas imágenes le sirven a la administración del premier israelí para que más gente simpatice con la causa judía. No sólo eso, sino como sólido fundamento para futuras negociaciones. De ninguna manera esta es una retirada unilateral. Es una medida condicional disfrazada, un “hoy por ti mañana por mí”. Inmediatamente terminado el desalojo en Gaza, Sharon le “solicitó” al presidente palestino Mahmud Abbas, que ahora era el turno de ellos de desarmar al grupo extremista palestino Hamas.
La estrategia de distracción tiene su punto más crítico y esencial en Cisjordania. Es cierto, se evacuaron cuatro asentamientos de esa región junto con los 21 de Gaza. Pero serán sólo cuatro, de 120 que se encuentran ahí. Nada parece indicar que Cisjordania será desalojada pronto, incluso ni en los próximos años. La razón fundamental radica en la persistente construcción del muro, aquella pared de 2 mil millones de dólares y 600 kilómetros que la Ley Internacional condenó. Días atrás, luego de la exitosa retirada de la Franja de Gaza, Sharon confirmó que seguirán construyendo en Cisjordania, para disipar dudas y especulaciones sobre una futura desconexión en aquella región.

Sharon apuesta a Cisjordania.
Otro factor clave reside en el agua, tan presente en Cisjordania como ausente en la geografía de Israel. El río Jordan constituye una importante fuente de agua dulce. Sucede que muchos habremos escuchado la idea de “si la disputa de las naciones es hoy el petróleo, mañana lo será el agua. Israel lo sabe. Acaso por ese motivo aún no ha devuelto estas tierras a Jordania, también expropiadas en 1967.
Ese mismo año, la península del Sinaí (rica en petróleo) también se sumó a los mapas del Estado israelí. 21 años más tarde fue devuelta a Egipto a cambio de que éste reconociera a Israel como Estado (único país árabe que lo hizo) y de la concesión del crudo por 15 años. Como vemos, en aquella oportunidad la retirada no fue unilateral, es por eso que cueste creer que ésta de ahora sí lo sea.
Por último, y para constatar que la desconfianza en esta retirada no es mero capricho o paranoia del autor, citaremos las palabras del asistente de Sharon, Dov Weissglass: "Este plan de desconexión tiene como objetivo impedir la creación de un Estado palestino, y torpedear la Hoja de Ruta". Frase de un hombre que mide poco las palabras pero que al menos saca un sobresaliente en sinceridad. Declaraciones que sirven para disipar las dudas de los más escépticos. Y de los más ingenuos.

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