Por Fernanda Rubio

Sumidos en la miseria, ellos son la consecuencia de un sistema que se vale de pobres para que haya ricos, tal como lo explica Eduardo Galeano en su emblemática obra: ¨las venas abiertas de AméricaLatina¨.

Algunos los llaman indigentes, otros simplemente crotos, a quienes se disputan la basura en las calles de la ciudad. Una ciudad con grandes oportunidades para pocos y demasiadas penurias para muchos.


Asentamiento ubicada en Avenida Sorrento

La ciudad de Rosario cuenta con un millón doscientos mil habitantes. Si a esta cifra le agregamos su zona de influencia más directa se eleva a los 2 millones, lo que convierte a la ciudad en el segundo aglomerado humano más numeroso del país, luego de Buenos Aires.

Esto trae como consecuencia, en una economía limitada como la local el incremento constante de nuevos pobres e indigentes. Entre los segundos el aumento ha sido más que notorio, basta con recorrer en horario nocturno las plazas de la ciudad, lugar que muchos de ellos utilizan para dormir.

De nada sirve para esta gente que Rosario sea un eslabón clave en el eje productivo del sur del continente, siendo la puerta de entrada y salida de productos del Mercosur.

El último censo realizado por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censo (INDEC), un 52,2 por ciento de los habitantes vive rozando la línea de pobreza y un 21 por ciento está sumido directamente en la indigencia.

Un dato no menor es el desempleo, en la zona se ubica alrededor del 18 por ciento, pero si eliminamos de los datos a quienes cobran el Plan Jefes y Jefas de hogar desocupados, la cifra asciende al 23 por ciento.

Al encuestar a personas que trabajan en la calle tales como, cartoneros, limpiavidrios y cuidacoches solo la mitad esta beneficiado directa o indirectamente por los planes sociales. ¨Mi mujer cobra los 150 del plan, pero no alcanza, somos ocho¨, comenta Ramón García mientras junta cartones en calle San Luis.

La reactivación en algunos sectores como el automotriz ha brindado a la ciudad 300 nuevos puestos de trabajo desde fines del año pasado. Otro rubro beneficiado por la reciente reactivación (producto devaluación del 2002), es el agro. Con la soja pasando por su mejor momento a impulsado un avance importante en poblaciones vecinas y empresas de transporte.

De un lado los pobres, del otro indigentes
La llamada línea de pobreza e indigencia consiste en un método indirecto para la identificación de los hogares que no llegan a satisfacer sus necesidades mínimas y básicas. Siguiendo la metodología del INDEC, el concepto de ¨línea de indigecia¨ determina si un hogar cuenta con los ingresos suficientes para cubrir una canasta básica de alimentos.

El cálculo de línea de pobreza incorpora además de los alimentos otros datos tales como: vestimenta, transporte, salud, educación conformando de esta manera una Canasta Total Básica.

Al comparar los datos estadísticos es alarmante notar que en una década la cifra de pobres se duplicó. La consecuencia más directa de tal aumento es el incremento de los asentamientos irregulares de la ciudad que pasó de un 16 por ciento en 1994 al 22 por ciento actual.

Mendigar salud y educación
Tanto en dispensarios como en hospitales públicos ha sido notorio el incremento de quienes requieren de sus servicios.

Dentro de los dispensarios, los que pertenecen a asociaciones barriales, tal como el de barrio cerámica, se encuentran desbordados en la época crítica, donde las enfermedades infectocontagiosas invernales no dan tregua, sobre todo en ancianos y niños menores de 5 años.

Por su parte el hospital Centenario y el de niños Victor J. Vilela, absorben más del 75 por ciento de las demandas, dado que ambos reciben no solo a rosarinos que han perdido su obra social luego de la crisis del 2001, sino también a la basta zona que comprende el Gran Rosario.

En cuanto a la educación, las escuelas que cuentan con comedores o copa de leche reciben a niños quienes en la mayoría de los casos tomarán aquí la única comida del día.

Los docentes no solo los educan, sino además intentan cubrir otras necesidades elementales como zapatillas y útiles escolares. ¨Acá llegan sin nada, ni cuadernos ni zapatilla, nosotras dentro de nuestras posibilidades los ayudamos en todo lo que podemos¨, comenta Roxana Martínez maestra del primer ciclo primario de la escuela ubicada en Avenida Eva Perón.