Por Beatriz Alvarez

La última elección dejó atónita a la clase política cañaseña.
El oficialismo, con veinte años de gobierno en la ciudad, se empeñó en festejar con bombos y platillos un pálido triunfo. Por otro lado el justicialismo, histórica segunda fuerza en la ciudad, sufrió la derrota más aplastante en toda su historia.

Así las cosas, las siguientes semanas UCR y PJ se preguntaban, totalmente perplejos, cómo había podido suceder lo acontecido.
Ocurre que desde 1983 a la fecha, UCR y PJ se han disputado la intendencia y el consejo con resultados diversos: la UCR siempre ganó la intendencia y el PJ supo sacar alguna ventaja en las elecciones legislativas.

Este año se renovaban tres bancas, dos justicialistas y una radical. La lista de la UCR estaba encabezada por una concejal que iba por su tercer reelección. A la del PJ la encabezaba un ex concejal (o concejal mandato cumplido). También el PDP presentó su lista. Pero la gran paliza electoral la daría una vecinal cuya lista encabezó un polémico militante del PJ que, excluido de sus filas, hace años que viene rumiando venganza ante el agravio.
La clase política esperaba resultados similares a los de años anteriores, la calle decía otra cosa. Y como quienes deciden una elección son los ciudadanos comunes, es obvio que fue la calle quien acertó el pronóstico.
La junta vecinal salió segunda en la elección, a escasos 200 votos del oficialismo. El tercero fue el PDP y el justicialismo perdió dos bancas en el Consejo.

El próximo 10 de diciembre juran los tres nuevos concejales. El Consejo de Villa Cañas quedará conformado con tres concejales oficialistas, uno del Partido Justicialista, uno de la Democracia Progresista y uno de Unidos por un Villa Cañas mejor.
Esta elección fue toda una novedad para la clase política local, que pasó del estupor a la recriminación centrada, por supuesto, en los ciudadanos, que erraron al no elegirlos.

¿Autocríticas?, por ahora ninguna. La UCR aduce que ganó la elección sin mencionar que fue por apenas 200 votos y el PJ está sumido en el más profundo de los silencios.
Parece que el 2006 será un año polémico en el Consejo local. Tal vez sirva para que se sacuda la modorra de veinte años de inercia.